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Como si hubiera sonado “el pito de las doce”, el reloj biológico ha emitido una señal: a comer. El trabajador devora con visible gusto su manjar y procura que el caballo, fiel compañero, haga lo mismo. La escena fue captada en las cercanías del mercado de Villa Consuelo. Foto Jorge González

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30 Julio 2010, 11:43 AM
¡Las doce!

Como si hubiera sonado “el pito de las doce”,  el reloj biológico  ha emitido una señal: a comer.  El trabajador devora con visible gusto su manjar y procura que el caballo, fiel compañero,  haga lo mismo. La escena fue captada  en las cercanías del mercado de Villa Consuelo.  Foto Jorge González

 

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